Ganar en las apuestas deportivas

Ganar en las apuestas deportivas

La gestión del dinero

Dejando de lado el caso especial –y poco habitual– del arbitraje deportivo, nuestra operativa consta de  dos fases bien diferenciadas. Por un lado, apostar requiere escoger un resultado sobre el que hacerlo, analizar muy bien el partido, determinar de qué lado están las probabilidades y compararlas con las cuotas para determinar si merece la pena nuestra apuesta. Dicho en el lenguaje de las apuestas, en esta primera fase evaluaremos si nuestra apuesta tiene o no valor, o si merece la pena que nos arriesguemos a un determinado trade. El resultado de esta primera etapa nos dirá si una operación es viable o bien si carece de sentido.

Así que si este análisis resulta positivo, procederemos a la segunda fase de nuestra apuesta: decidir cuánto dinero dedicamos a la operación. Esta segunda fase, por desgracia, muchas veces es poco valorada por los apostantes recreacionales. Sin embargo, es el elemento más importante del juego, y al que más atención debe prestarse a la hora de diseñar nuestras estrategias de apuestas deportivas.

Un pronosticador mediocre, o incluso peor que la media, puede permanecer mucho tiempo operando y llegar a ganar dinero si maneja adecuadamente su presupuesto. Pero quien no gestione bien sus fondos será expulsado inexorablemente del mercado, por muy buen pronosticador que sea. Sin una correcta gestión del dinero es imposible sobrevivir en el mundo de las apuestas.

Todos los estudios que hagas sobre los partidos, a pesar de lo precisos y excelentes que puedan ser, no te servirán de mucho si no logras obtener más dinero de tus apuestas ganadoras que de las perdedoras. Jugar con probabilidades favorables nos garantiza el éxito en el largo plazo, tras muchas apuestas, pero no podemos conocer el orden en que se producirán los aciertos y los errores. Es imposible saber si a un acierto le seguirá un fallo, si a un fallo le seguirá un acierto, o si vamos a vernos inmersos en una racha duradera de felices ganancias o de pérdidas desesperantes. Así que para poder alcanzar el largo plazo, antes debemos saber gestionar muy bien el corto.

El mundo de las apuestas es implacable con todos aquellos que no administran correctamente sus fondos y arriesgan más de lo conveniente. Incluso en el caso de que encuentres un magnífico 20 % de valor en tus apuestas, si te juegas todo tu dinero hoy a un resultado con cuota 12, solo tendrás un 10 % de probabilidades de que mañana puedas seguir apostando, y únicamente un 1 % de llegar a pasado mañana si repites la maniobra. Lo contrario también es cierto. Si pones muy poco dinero en una apuesta, tu ganancia será pequeña y no rentabilizarás tu esfuerzo. Si realizas apuestas direccionales y encuentras un 10 % de valor de forma sostenida, tendrás que apostar un total de 1.000 € para obtener un beneficio de 100. Si cada vez que apuestas lo haces por valor de 1 €, necesitarás 1.000 apuestas para alcanzar esa cifra.

La cantidad de trabajo que requiere hallar un valor del 10 % en 1.000 apuestas puede hacerte analizar y llegar a considerar más de tres o cuatro veces ese número. Piensa en lo que eso requeriría. ¿A cuánto te saldría la hora? Las apuestas son un camino pedregoso y resbaladizo, que bordea un acantilado. Si andamos constantemente cerca del límite, nos arriesgamos a que un traspié nos precipite de cabeza al abismo de la bancarrota. Si nos alejamos demasiado buscando la seguridad, no llegaremos a ganar una cantidad de dinero suficiente como para justificar nuestro esfuerzo. Así que nos tocará acercarnos al riesgo y convivir con él, pero manteniendo una distancia prudencial.

Gestion del dinero en las apuestas deportivas
Gestion del dinero en las apuestas deportivas

Todos los apostantes, hasta los más expertos, fallamos muchos de nuestros pronósticos, así que seguro que tropezarás tú también en más de una ocasión. No pasa nada. Si caminas con cabeza y apuestas con valor, te levantarás de todas las caídas. Quizás con algún rasguño, pero con el esqueleto intacto. En la gestión del dinero hay tres parámetros básicos a manejar y una idea clave que dictamina cómo escogerlos de manera inteligente.

Los conceptos que debes entender, diferenciar y seleccionar acertadamente son el de bankroll, el de stake y elde límite de stake. La idea clave que los une es tratar nuestro presupuesto como si fuera una inversión, así que nuestra prioridad debe ser la preservación del capital. Aunque a veces la terminología anglosajona que abunda en nuestra jerga nos haga pensar que estamos ante conceptos crípticos o de difícil comprensión, no es así.

En realidad, es bastante sencillo de entender. Todo junto, se resume en el principio básico del money management de las apuestas, que en el fondo no es más que sentido común: arriesgar solo el dinero que podemos permitirnos perder. Pero ¿cómo se pasa del sentido común a los euros exactos? Veamos cómo hacerlo.

El bankroll

El primer paso para una buena gestión del dinero es hacernos a la idea de que estamos administrando un negocio y, como tal, debe tener una contabilidad separada de nuestra vida personal. Nuestra actividad ha de contar, pues, con un presupuesto propio que gestionaremos al margen de nuestros gastos cotidianos. Apostar debe ser para nosotros una forma de invertir como en foro apuestas.

Se denomina bankroll al dinero total del que disponemos para apostar en un momento determinado. El bankroll lo componen nuestros fondos exclusivos para apuestas. En general, el bankroll se identifica con el dinero total que tenemos ingresado en nuestras casas de apuestas para realizar nuestras operaciones, pero no tiene por qué ser obligatoriamente así. Para los apostantes recreativos que manejan pequeñas cantidades de dinero es la forma más sencilla de controlarlo; sin embargo, si las cantidades de dinero empiezan a elevarse, es recomendable contar con una cuenta corriente específica dedicada a las apuestas.

Así que tu bankroll constará de la suma de las cantidades depositadas en todas las bookies en las que tengas cuenta, más el dinero de tu cuenta corriente de apuestas –si la tienes–. Es habitual que gran parte de tu presupuesto permanezca en liquidez mucho tiempo, así que si manejas cantidades elevadas apoyarte en una cuenta remunerada ayudará a tu rentabilidad. Todas las operaciones que realices deben ir contra tu bankroll. Todas. En lo bueno y en lo malo.

Si ganas, los beneficios aumentarán tu bankroll. Si pierdes, las pérdidas lo disminuirán. En cualquier caso, evitarás la tentación tanto de añadir nuevos fondos si acumulas pérdidas, como de gastar el dinero de los beneficios si las cosas te van bien. Las entradas y salidas de dinero han de estar programadas con antelación, y separarse completamente de la operativa. No existe una regla fija sobre cómo deben producirse estas entradas y salidas de dinero de tu presupuesto. Por ejemplo, la entrada de fondos puede ser una cantidad relativamente elevada fijada al principio e ingresada en tu casa de apuestas o en nuestra cuenta de apuestas, o bien cantidades pequeñas añadidas cada mes. Por ejemplo, si un apostante recreacional decide dedicar 300 € anuales a apostar, puede optar por:

  • Hacer un ingreso inicial de 300 € el 1 de enero y empezar a operar directamente con este dinero. Esto le permite poder usar todo su presupuesto desde principios de año.
  • Hacer ingresos de 25 € el día 1 de cada mes e ir aumentando progresivamente el bankroll a lo largo del año. Si somos nuevos, sería la opción más prudente, pues nuestro presupuesto y las cantidades a jugar irían aumentando progresivamente, conforme ganamos experiencia.
  • Seguir un camino intermedio. En nuestro caso, podríamos comenzar con 120 € e incrementar 15 € mensuales a lo largo de un año, hasta completar los 300 € totales. Si posees algo de experiencia, esta puede ser una alternativa excelente.

Una vez completado el año, es hora de hacer balance. Si es positivo y terminamos con un bankroll de, pongamos, 400 € dependerá de nosotros decidir qué hacemos. La opción más prudente sería extraer los 100 € de beneficio y transferírnoslos a nuestra cuenta personal, para disfrutar de la ganancia. Si queremos crecer, podemos decidir mantener los beneficios en nuestro bankroll. O, incluso, puesto que hemos demostrado que somos rentables, podemos plantearnos aumentar nuestro presupuesto –de forma controlada–.

Si el balance es negativo, obviamente no tiene sentido extraer beneficios ni añadir nuevos fondos. Si no somos rentables, lo lógico es reducir las cantidades que dedicamos a nuestras apuestas y acomodarnos a la reducción de presupuesto que nos imponen las pérdidas, junto con una auditoría detallada de nuestros métodos. En esta situación, conviene una evaluación profunda de qué nos ha funcionado mejor y de qué nos ha ido peor, para hacer hincapié en las estrategias ganadoras y abandonar las perdedoras. Las cantidades exactas a destinar a las apuestas dependen de cada uno.

Gestión del bankroll
Gestión del bankroll

En cualquier caso, deben ser cifras que se acomoden con holgura a nuestra situación personal y familiar. Como en toda inversión racional y bien planificada, dedicaremos a ella solamente dinero que no necesitemos. Debemos dejar al margen siempre el dinero que previsiblemente nos hará falta para cubrir nuestras necesidades personales y familiares, y ceñirnos al presupuesto que nos hemos marcado. Ir más allá sería una irresponsabilidad absoluta. Si eres un apostante recreacional, sería un tremendo contrasentido que una actividad de ocio y diversión como son el foro apuestas deportivas se transformara en una fuente de disgustos. Y si te dedicas de manera exclusiva porque tus miras son a la profesionalidad, y resulta que no puedes mantener tu ritmo de vida con las ganancias, es obvio que necesitas, además, otro trabajo.

En tu tiempo libre seguirás disfrutando de las apuestas y serán para ti un buen complemento a tus ingresos ordinarios. Por lo tanto, el presupuesto es una línea roja que debes marcarte al aproximarte a este mundillo, pero no es la única. Aparte de establecer un presupuesto y ceñirte disciplinadamente a él, si quieres sobrevivir en el mundo de las apuestas deberás respetar tu límite de stake. No obstante, antes de trazar esta segunda línea roja, es conveniente que entendamos la naturaleza probabilística de la evolución de nuestros fondos. Estudiemos, pues, la influencia de las rachas en nuestra operativa y cómo pueden afectar al bankroll del apostante.

El stake y su límite

El stake es la cantidad de dinero que destinamos a una apuesta concreta. Este es el parámetro sobre el cual tenemos mayor libertad a la hora de realizar una apuesta. El establecimiento de las cuotas está en manos de las casas de apuestas, y nosotros como mucho podemos decidir si aceptamos o no esa cuota particular. Por el contrario, el dinero que ponemos en una operación concreta es una decisión completamente nuestra. De hecho, el éxito o el fracaso lo tendremos en la adecuada selección de nuestros stakes.

Cumplir la regla de oro de las apuestas depende en gran medida del dinero que destinamos a cada operación. Como hemos discutido, debemos apostar una cantidad suficientemente pequeña para permitirnos sobrellevar las rachas negativas, pero razonablemente significativa como para tener un beneficio digno. Sobrevivir a corto plazo debe ser nuestra primera prioridad y, por ello, antes de operar debemos establecer cuál es la cantidad de dinero máximo que destinaremos a una operación concreta.

A este valor lo llamaremos «límite de stake», y bajo ningún concepto lo sobrepasaremos. Se recomienda habitualmente fijarse un límite de stake en el rango del 5 % al 10 % del bankroll total. En general, para los más noveles es mejor empezar con valores más bajos, e ir subiendo este límite conforme se va ganando experiencia. Esta forma de establecer el límite de stake es sencilla y apropiada para quienes utilicen criterios discrecionales en la selección de sus stakes; sin embargo, como leerás en las próximas páginas, quien escribe estas líneas desaconseja usar este tipo de criterios subjetivos.

Existen otros criterios, completamente objetivos, que nos permiten calcular un stake sin estimaciones personales, siempre sujetas a errores de percepción. Así que, ¿para qué arriesgarnos? Más que un límite absoluto para todas nuestras apuestas, es preferible marcarse un límite de dinero a apostar en función de la propia apuesta. Lo más sensato es fijarse un límite de stake que dependa de la probabilidad de pérdida en una racha, y esto, como hemos visto, depende de las probabilidades reales de los resultados o, lo que es lo mismo, de las cuotas con las que trabajemos y del valor que encontremos. A mayor cuota, más tendremos que limitar el dinero apostado para asegurar un colchón económico suficiente que amortigüe las rachas de pérdidas. Un apostante experimentado con un largo historial puede fácilmente calcular las cuotas promedio con las que trabaja y el valor positivo esperado que generan sus pronósticos.

Si dispone de algunos conocimientos de Excel y de estadística o simulación, puede estimar una racha de pérdidas probable y a partir de ahí calcular un límite de stake personalizado a su forma de operar, que optimice sus beneficios mientras mantiene a raya sus riesgos.

En cualquier caso, cuando está en juego nuestra supervivencia en la operativa, mejor equivocarnos por el lado de la prudencia. Criterios de selección del stake De momento hemos acotado el valor máximo de dinero para dedicar a una operación concreta, de forma que podamos sortear, con razonable confianza, las rachas negativas más probables a las que podamos enfrentarnos. Ahora, dentro del rango comprendido entre no jugar absolutamente nada y el límite de stake, nos toca decidir cuánto dinero emplear. A la hora de apostar, existen dos maneras de seleccionar el stake:

  • Usar stakes discrecionales, de forma que el apostante decide según su propio juicio e intuición las cantidades más apropiadas para una operación concreta.
  • Usar criterios objetivos, donde el apostante sencillamente calcula el stake a partir de las cuotas y las probabilidades siguiendo una fórmula prefijada. Existen varias posibilidades. Los dos criterios objetivos con más sentido son los stakes con premio fijado y los de beneficio establecido.

Y dentro de estos últimos, son especialmente interesantes los calculados mediante la regla de Kelly. Como siempre, dependerá de tu experiencia y de tu estilo particular escoger un procedimiento u otro. Así que veámoslos todos, para que puedas identificar cuál se ajusta mejor a tu forma de apostar. Los stakes discrecionales La selección de stakes discrecionales es el método más habitual y, por tanto, el que utiliza la mayoría de los apostantes. Consiste en seleccionar una unidad de stake, habitualmente alrededor del 1 % del bankroll, y jugar un número entero de unidades de stake en una operación determinada.

Este número lo decide el apostante en función de su criterio personal. Aunque la decisión es puramente subjetiva, si se quiere tener éxito deberá considerarse en la decisión tanto la probabilidad de acertar como el valor que se le asigna a la apuesta. En general, www.foromarketers.com se fijan límites que están entre las 5 y las 10 unidades de stake, y en ningún caso se sobrepasa este límite para reducir los riesgos de bancarrota. Periódicamente, se va revisando el valor de la unidad de stake en función del bankroll, aumentándolo o disminuyéndolo según la evolución de sus fondos.

A la hora de decidir el stake de una operación particular, deberás decidir cómo establecer tus criterios de selección, atendiendo a criterios de probabilidad –o sea, las cuotas– y de valor. Como referencia, puedes fijarte unas reglas un poco genéricas y ajustar luego los valores según sea la situación más parecida a un caso o a otro. Por ejemplo:

  • Apuestas con cuotas bajas (de 2 o menos) y valor elevado: stake 5/5 (5 unidades apostadas sobre 5 de límite máximo).
  • Apuestas con cuotas altas (de 5 o más) y valor bajo: stake 1/5 (1 unidad apostada sobre 5 de límite máximo).
  • Apuestas con cuotas medias (alrededor de 3 o 4) y valor intermedio: stake 3/5 (3 unidades apostadas sobre 5 de límite máximo).

Si bien la determinación del stake depende completamente de ti, es importante quefijes unos criterios e intentes mantenerlos para dotar a tu operativa de consistencia. Desde luego, si las cosas no te van bien, debes estar abierto a revisarlos y adecuarlos a tu estilo de apostar. Y, de nuevo, tu historial te ayudará en la labor de revisar en qué casos pecaste de prudente o de agresivo al seleccionar tus stakes.

Cálculo del stake para premio fijado

Las apuestas discrecionales tienen el problema de la inconsistencia a la hora de seleccionar las apuestas. Asignar a ojo un stake, partiendo además de algo sujeto a un cierto margen de error como es el valor esperado, no parece la forma más «científica» de apostar –aunque puede ser rentable con práctica y experiencia–. Si queremos ser más rigurosos y además aplicar los límites de stake dinámicos en función de las cuotas y del valor que ya hemos visto, es mejor utilizar un criterio más objetivo. El más sencillo se basa en la selección del stake a partir de un premio final fijado de antemano. Si apostamos a cuota 2 y queremos un premio total de 40 €, tendremos que apostar 20 €. Si queremos ese mismo premio con cuota 4, son 10 €. Así de fácil. Este método nos fija el stake y nos lo limita según la cuota. El premio deseado conviene establecerlo en función de nuestro bankroll.

El beneficio objetivo a fijarse depende, como casi todo en las apuestas, del nivel de riesgo que desees considerar o, mejor dicho, del riesgo que tu nivel te permita asumir. Selección de stakes para obtener un beneficio preestablecido Otra posibilidad a la hora de decidir nuestro stake es fijarnos un beneficio determinado en caso de ganar la apuesta. Por ejemplo, un apostante puede decidir que desea tener un beneficio neto de 25 € en cada apuesta que realiza. En ese caso, si apuesta con cuota 2, tendrá que apostar 25 €, si es con cuota 3, 12,50 €, etc.

Este criterio tiene el problema de que, para cuotas bajas (menores de 2) da stakes demasiado elevados. Aquí, la recomendación es limitar el stake en cualquier caso a un máximo del 8 al 10 % del bankroll, independientemente de lo que diga el cálculo. Con nuestro ejemplo de beneficio del 5 %, esto significaría que para cuotas inferiores a 1,61,5 aplicaríamos a nuestro stake una «tarifa plana» del 810 % como máximo del bankroll. Y también es de notar que, conforme van aumentando las cuotas, los resultados se van pareciendo cada vez más a los que obtendríamos con el criterio del premio fijado. Así que para cuotas bajas hay que andarse con mucho ojo y para cuotas altas no nos añade gran cosa sobre el criterio anterior, así que no parece que estemos ante un criterio demasiado interesante… de momento.

Valores razonables para el beneficio deseado pueden estar en torno al 46 % de nuestros fondos totales. Como siempre, si somos buenos pronosticadores, podemos permitirnos buscar objetivos mayores. Lo ideal sería que el beneficio deseado variase con el valor esperado de la apuesta: a mayor valor positivo, mayor beneficio buscado, de forma que logremos el mayor retorno posible a nuestra inversión. Y, efectivamente, esa es la manera, teóricamente, ideal de apostar. Hasta tal punto es así que incluso tiene un nombre. Se llama regla de Kelly, y consiste en buscar como beneficio el porcentaje de nuestro bankroll equivalente al valor positivo esperado (+EV). Por desgracia, su uso correcto va más allá de la aplicación de una simple fórmula de cálculo, por lo que excede ampliamente lo que queremos contarte aquí. Su formulación y conclusiones merecerían que le dedicáramos todo un capítulo a ella sola. Si empiezas en esto de las apuestas, su complejidad te aportaría más quebraderos de cabeza que ganancias, así que mejor déjala de lado de primeras.

Lo que nunca hay que hacer con nuestro dinero Es tan popular que estoy convencido de que algún amigo aficionado al juego te habrá hablado acerca de esta «estrategia». Probablemente, habrás leído sobre ella en Internet. Quizás la hayas visto por la tele. Seguro que en el cine. Se trata de la táctica suicida de doblar consecutivamente durante una racha de pérdidas. Es una práctica temeraria e imprudente. Algunos la califican de locura. Si quieres sobrevivir en el mundo de las apuestas, huye de ella como del diablo. Se la conoce como «método martingala», y su origen está en la ruleta. Su funcionamiento consiste en ir doblando la cantidad apostada según nos adentramos en una racha de pérdidas. Imaginemos que estamos en el casino, y apostamos un euro al rojo. Tenemos mala suerte y perdemos.

En este caso, la estrategia consistiría en apostar 2 €, de nuevo, al rojo. Si ganamos, recuperamos el euro perdido más uno de ganancia. Si perdemos, volvemos a doblar la apuesta y probamos con 4 €. De nuevo, si ganamos, esta vez recuperamos toda la inversión más 1 € de ganancia. Si perdemos, volvemos a doblar. Etcétera. La idea es ir doblando cada vez que perdemos, de forma que cuando cambien las tornas recuperemos la apuesta y, además, obtengamos de beneficio nuestro euro inicial. Este modo de proceder es altamente peligroso. Para empezar, como muy bien respondió a Billy nuestro gánster redimido, los sucesos futuros en el juego son independientes del pasado, por lo que una racha de pérdidas no aumenta nuestras posibilidades de ganar. La probabilidad es exactamente la misma, con lo que el valor no aumenta por incrementar las cantidades apostadas.

De hecho, si jugamos a la ruleta, el valor es negativo, porque la banca siempre gana con el cero. Así que lo sensato, y más tras haber leído este libro, es simplemente no poner fichas al rojo o al negro, ni pedir cartas a un crupier, cuando sepamos a ciencia cierta que las probabilidades están en nuestra contra. Como mínimo, si nuestra intención es realmente la de ganar dinero. A largo plazo, perderemos. Dicho de otro modo, las estrategias martingala necesitan dinero infinito para funcionar, algo de lo que nadie puede disponer. Así que siempre existirá un punto en el cual perderemos todos nuestros fondos y terminaremos en bancarrota.

Y más si el valor es negativo. Volviendo a las apuestas deportivas, el valor de una apuesta es una estimación que hacemos nosotros y, por tanto, está sujeta a un margen de error. Si te adentras en un período prolongado de pérdidas, puede ser debido a simple mala suerte, justificada por la posibilidad siempre presente de perder, o ser un síntoma de que estás apostando con poco valor. O, incluso, con valor negativo. En consecuencia, lo prudente es hacer justo lo contrario: reducir tus stakes mientras analizas con cuidado tus procedimientos en busca de fallos en la selección de apuestas o de situaciones en las que tus métodos no funcionan tan bien como esperabas.